Uruguay: Los desafíos de la producción arrocera en Uruguay.

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05 de Diciembre: El arroz se ha convertido en el más previsible de los rubros del agro uruguayo: obtiene altos rendimientos, logra un buen desempeño exportador, pero no logra márgenes suficientes. Y para los arrendatarios se vuelve cada vez más difícil obtener un margen que justifique el esfuerzo y el riesgo del emprendimiento.
En el año 2017 el sector obtuvo algunos alivios en el precio de la energía eléctrica, insumo fundamental para algunos productores que riegan usando electricidad, pero eso no cambió una perspectiva preocupante de acentuación en la caída del área. Los bajos precios en Brasil y la emigración de productores uruguayos a Paraguay fueron dos características de 2017 que suman a la incertidumbre respecto al futuro del cultivo en Uruguay.
El arroz tiene un problema como producto, solo es usado en la alimentación humana y su importancia en la dieta es mayor en la población de menores niveles de ingreso. De modo que el consumo global del grano aumenta a la velocidad del cambio demográfico: aproximadamente 1% por año. El consumo de los granos que se usan para aceite, biocombustibles o alimentación de ganado crece más velozmente que el del cereal asiático.
Los productores uruguayos han avanzado persistentemente en agregar valor para tratar de que el grano uruguayo sea destinado a sectores de ingresos medios y altos a un precio diferencial y sobre finales de 2017 agregaron otra estrategia vinculada a los costos: apostar a exportar más arroz cáscara que escape al “costo uruguayo”. Una estrategia similar a la exportación de ganado en pie en la ganadería: no es lo deseable desde el punto de vista del agregado de valor nacional, pero es lo imprescindible para que se sostenga la base productiva.
En la última asamblea de la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA) los productores apoyaron la decisión de la directiva de rechazar la última propuesta de la industria sobre el precio 2016/2017. Sobre junio se acordó un valor de US$ 9 por bolsa más un préstamo de la industria de US$ 0,30 por bolsa. El monto de la devolución de impuestos es equivalente al pago por los fondos arroceros.
Sobre fines de octubre, la industria propuso mejorar en US$ 0,15 por bolsa el precio provisorio, lo que fue desestimado por los cultivadores. En la asamblea de ACA se llamó a la directiva a explorar “alternativas estructurales” en la cadena arrocera que mejoren la situación del productor.
Y para los productores, la salida de corto plazo es claramente vender más cáscara, aunque desde la industria señalen que las mejoras serían limitadas y que se pierde un valor clave del arroz uruguayo, que es su diferenciación.
Desde la ACA se sostiene que hay mercados que pueden pagar precios por la producción cáscara que permiten valores superiores a los planteados por la industria dentro del convenio. La Dirección de Asuntos Internacionales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) inició gestiones junto a otras oficinas de gobierno para que México permita el acceso al arroz cáscara desde Uruguay. A lo largo de 2017 México aumentó en forma significativa sus importaciones de arroz procesado uruguayo y hay expectativas sobre posibles ventas de cáscara.
Desde la ACA también se insiste que hay molinos en varios países de América Central que están interesados en comprar arroz cáscara de Uruguay. Alfredo Lago, titular de la gremial, remarcó que en esos países se sintió el descenso en la calidad del arroz estadounidense de los últimos años por lo que se pretende un mayor abastecimiento del cereal uruguayo.
Si se toma el año calendario 2017, las solicitudes de exportación de arroz cascara se acercaron a 41.800 toneladas, equivalente al 4,2% del total, contra 8,2% de 2016 y 6,2% de 2015.
Es posible que haya margen para aumentar la participación de las ventas del arroz cáscara, pero rápidamente eso chocaría contra los costos fijos de las industrias y eso trasladaría el problema al gobierno porque, inevitablemente, afectaría el nivel de empleo en la molinería.
Según la ACA, el descenso del área en la zafra actual superó en algo el 9%. Fue una siembra complicada marcada al principio por el exceso de precipitaciones que demoró la implantación. Eso acotó el área sembrada dentro de la ventana óptima, que es la que –en teoría– debería tener mejores rendimientos.
El cierre de la implantación se dio con déficit de lluvias, lo que demandó regar los cultivos para asegurar su nacimiento. En un año Niña la alta luminosidad contribuye a lograr altos potenciales de productividad. Sin embargo, hay que tener en cuenta la secuencia de las siembras y el efecto de noches con bajas temperaturas que son negativas para el desarrollo de los cultivos.
En la última reunión de la Confederación de Molinos del Mercosur (Conmasur) se estimó un área sembrada con arroz en Uruguay de 151 mil hectáreas, lo que arrojaba un descenso de algo más de 7% en la superficie implantada, respecto a la zafra anterior. A nivel tentativo, se manejó una producción de 1,245 millones de toneladas, un volumen 8,1% inferior a los 1,355 millones de la zafra anterior.
En el Mercosur se proyectó una zafra arrocera 2017/2018 de menor producción, pero de mayor oferta debido a los abultados stocks que se arrastran de la campaña anterior.
Para Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay se espera una cosecha de 14,924 millones de toneladas, lo que representa un descenso de 5,5% respecto al ciclo 2016/2017. Sin embargo, la zafra nueva comenzará con stocks iniciales de 2,03 millones de toneladas frente a las 705 mil toneladas de un año atrás.
A nivel mundial, el arroz enfrenta un problema de estancamiento de la demanda. El crecimiento demográfico empieza a desacelerarse y en la migración derivada del cambio de dieta el arroz no se ve favorecido.
Ello se observa en el consumo de Brasil, que sigue en leve declive y ya queda casi estructuralmente en menos de 8 millones de toneladas por año. Típicamente en 2017 no se dio la suba de precios que habitualmente sucede en el segundo semestre del año y eso a pesar de que la economía brasileña iba en gradual aceleración.
Por otra parte, hay un despegue en la producción de arroz y trigo de India, que compensa la gradual baja en los stocks de Tailandia, que está saliendo de políticas extremadamente proteccionistas en años anteriores.
El gobierno peruano decidió que el precio del arroz uruguayo sea la referencia para calcular la sobretasa a la importación del cereal, lo que debería aumentar el monto pagado en las ventas hacia aquel mercado. Las autoridades en Lima desactivaron un paro de productores prometiendo cambios en el sistema de aranceles para la importación de arroz.
El arancel fijo para el arroz es cero desde hace años mientras que para la sobretasa se seguía el precio FOB en Tailandia. A fines de diciembre Perú decidió que sea el arroz uruguayo la referencia para fijar la sobretasa. Eso, teniendo en cuenta que 60% de las importaciones del cereal proviene de Uruguay. Además, estableció como máximo el 15% de sobretasa.
El sector arrocero local quiere que se tome el valor precio FOB para el producto local para que la sobretasa sea lo menor posible. Hay que tener en cuenta que las autoridades peruanas fijaron una banda entre US$ 599-US$ 649 por tonelada. Y la sobretasa será la diferencia entre el precio de referencia y esa banda. Los peruanos decidieron que se tomará el precio del arroz blanco uruguayo con 5% de quebrado que informe Creed Rice, una firma de referencia.
Las autoridades y el sector arrocero uruguayo iniciaron gestiones para que esa firma tome como referencia el arroz Tacuarí, que es el más vendido y de mayor valor para lograr que sea menor la sobretasa que si se tomara el promedio de esa variedad y la Olimar.
Fuente: https://www.elobservador.com.uy